La división internacional del trabajo consiste en que unos países se
especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo,
que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en per-
der desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento
se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la gar-
ganta.
Pasaron los siglos y América Latina perfeccionó sus funciones
Éste ya no es el reino de las maravillas donde la realidad derrotaba a la
fábula y la imaginación era humillada por los trofeos de la conquista,
los yacimientos de oro y las montañas de plata. Pero la región sigue
trabajando de sirvienta. Continúa existiendo al servicio de las necesi-
dades ajenas, como fuente y reserva del petróleo y el hierro, el cobre
y la carne, las frutas y el café, las materias primas y los alimentos con
destino a los países ricos que ganan, consumiéndolos, mucho más de
lo que América Latina gana produciéndolos.
Es América Latina, la región de las venas abiertas. Desde el des-
cubrimiento hasta nuestros días, todo se ha trasmutado siempre en
capital europeo o, más tarde, norteamericano, y como tal se ha acu-
mulado y se acumula en los lejanos centros de poder. Todo:la tierra,
sus frutos y sus profundidades ricas en minerales, los hombres y su
capacidad de trabajo y de consumo, los recursos naturales y los re-
cursos humanos.
desarrollo del capitalismo mundial. Nuestra derrota estuvo siempre
implícita en la victoria ajena; nuestra riqueza ha generado siempre nuestra
pobreza para alimentar la prosperidad de otros: los imperios y sus capo-
rales nativos. En la alquimia colonial y neocolonial, el oro se transfigura en chatarra, y los alimentos se convierten en veneno.
Reporte de valoración Sobresaliente
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